De una consulta con lista de espera a un equipo en el que puedo confiar
Durante muchos años, CAPSIH fui yo.
Atendía personalmente a cada persona que llegaba a consulta, acompañando a niños, adolescentes, adultos y familias desde una forma de entender la psicología que he ido construyendo a lo largo de mi trayectoria profesional.
Tenía lista de espera y no podía atender a todas las personas que necesitaban ayuda
Y, sinceramente, eso me preocupaba.
Cuando alguien pide ayuda psicológica, normalmente no lo hace porque sí. Hay un momento en el que siente que necesita que alguien le acompañe, le ayude a entender qué está pasando y le enseñe otra manera de afrontar lo que está viviendo.
Tener que decirle a una persona que tenía que esperar, o que no podía atenderla yo, no era fácil.
Me daba mucha pena pensar que alguien que había dado el paso de pedir ayuda podía quedarse sin ella simplemente porque mi agenda estaba llena.
Pero había algo que para mí era todavía más importante: si no podía atender personalmente a alguien, quería poder ofrecerle una alternativa en la que realmente confiara.
No quería crear un equipo simplemente para tener más personas atendiendo en la clínica. Quería formar un equipo de profesionales en los que yo confiaría para acompañar a alguien que quiero.
Y así empezó a crecer CAPSIH.
A lo largo de estos años he desarrollado una manera de entender la psicoterapia que parte de una mirada integradora, cercana y basada en la evidencia.
En mi práctica clínica utilizo especialmente la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), trabajando con las personas para que puedan relacionarse de otra manera con sus pensamientos, emociones y experiencias, y avanzar hacia una vida más coherente con aquello que realmente es importante para ellas.
Cuando existe una historia de trauma o experiencias difíciles que siguen teniendo un impacto en el presente, incorporo también EMDR dentro del proceso terapéutico, siempre valorando qué necesita cada persona y qué intervención puede ser más adecuada en cada momento.
Pero más allá de las técnicas, hay algo que para mí es fundamental: la forma de acompañar.
Por eso, una parte esencial de mi trabajo ha sido formar y acompañar personalmente a los profesionales que hoy forman CAPSIH.
Quería que cada persona que llegara a la clínica encontrara profesionales con una sólida formación, pero también con una manera de trabajar humana, rigurosa, cercana y coherente con nuestros valores.
Todo mi equipo recibe formación en lo que denominamos Metodología CAPSIH y, además, cada semana nos reunimos para revisar casos clínicos, compartir dudas, contrastar nuestra mirada y seguir aprendiendo juntos.
ACT
Terapia de Aceptación y Compromiso
EMDR
Integrado cuando la historia y las necesidades de la persona lo requieren
La forma de acompañar
El centro de todo nuestro trabajo
No se trata de trabajar todos exactamente igual
Para mí, formar un equipo no significa crear profesionales que trabajen exactamente como yo. Cada persona del equipo tiene su propia experiencia, formación, personalidad y manera de relacionarse con quien tiene delante.
Lo que sí quiero es que compartamos una misma base:
Escuchar
antes de intervenir.
Comprender
antes de etiquetar.
Adaptar la terapia
a la persona, no a la inversa.
Un equipo en el que puedo confiar
Hoy CAPSIH es un equipo de profesionales al que puedo derivar con tranquilidad a las personas que llegan a nuestra clínica, incluso cuando yo no puedo acompañarlas personalmente.
Y para mí, eso es probablemente uno de los mayores logros de estos años.