Una forma de acompañar desde la escucha, la cercanía y el respeto
La psicología ha formado parte de mi vida desde mucho antes de convertirse en mi profesión.
Siempre he sentido una especial sensibilidad hacia las personas, hacia sus historias y hacia esos momentos en los que necesitamos que alguien nos escuche de verdad. Con el tiempo, esa forma natural de acompañar a los demás se convirtió en una vocación y, posteriormente, en mi camino profesional.
Una trayectoria especialmente vinculada a la infancia
Mi trayectoria comenzó vinculada especialmente a la infancia y la adolescencia.
Durante años trabajé con niños y familias en diferentes contextos: intervención psicológica, educación infantil, orientación a padres, docencia y proyectos relacionados con la infancia.
También tuve la oportunidad de crear y dirigir mi propio centro infantil, una experiencia que me permitió comprender todavía mejor la importancia de ofrecer espacios seguros, cercanos y respetuosos tanto para los niños como para sus familias.
Detrás de cada dificultad existe una historia que necesita ser comprendida, no juzgada.
Mi profesión fue evolucionando conmigo
Con los años mi profesión fue evolucionando conmigo y amplié mi trabajo al acompañamiento de personas adultas, especializándome como Psicóloga General Sanitaria y continuando mi formación en terapias contextuales, apego, trauma y EMDR.
Después de tantos años trabajando con personas de diferentes edades, hay algo que tengo cada vez más claro: detrás de cada dificultad existe una historia que necesita ser comprendida, no juzgada.
Actualmente trabajo con niños, adolescentes y adultos, acompañando diferentes dificultades emocionales y momentos vitales.
La terapia como un espacio de seguridad y confianza
Por eso entiendo la terapia como un espacio de seguridad y confianza.
Un lugar en el que poder hablar sin miedo, comprender lo que está ocurriendo y empezar a construir herramientas para afrontar aquello que está generando sufrimiento.
Mi forma de trabajar combina la formación y la experiencia profesional con algo que considero imprescindible en terapia: la cercanía, la escucha y el respeto por el ritmo de cada persona.
No creo en terapias iguales para todo el mundo. Cada persona llega con unas experiencias, unas necesidades y una manera diferente de entender lo que le ocurre. Por eso intento adaptar cada proceso terapéutico a quien tengo delante, acompañando desde la profesionalidad, pero también desde la humanidad.
La cercanía, la escucha y el respeto por el ritmo de cada persona.
La parte más bonita de mi trabajo
Y, aunque llevo muchos años dedicándome a esta profesión, sigo sintiendo algo muy especial cuando una persona confía en mí para compartir una parte vulnerable de su historia.
Porque para mí hacer terapia no consiste únicamente en aplicar técnicas.
Consiste en acompañar, comprender, sostener cuando es necesario y ayudar a que cada persona pueda volver a sentirse capaz de avanzar por sí misma.
Esa sigue siendo, después de todos estos años, la parte más bonita de mi trabajo.